LA VERDAD
Se quedó muy quieto, nadie sabía que estaba ahí, era invisible a los ojos humanos, pero estaba muy presente. Como radiante lluvia, se regó sobre toda la habitación y colmó mi alma de emociones. Yo me quise escapar pero no pude. Lágrimas asomaron a mis ojos, porque yo sabía la verdad. La verdad a veces grita fuerte en el alma. Y nadie conoce las profundidades del alma. Apenas uno conoce la propia, sólo Dios penetra sus laberintos. Pero la verdad silenciosa y quieta, cala hondo, profundo, y cuando no puede callar más, recorre como un pequeño riachuelo, las estoicas mejillas, que al fin pueden descansar.