VERSIONES

VERSIONES, la aventura de compartir (textos, imágenes y sonidos) por lo menos virtualmente - siempre compartir para tener más que dar y recibir

Versiones
Director, editor e operador: Diego Martínez Lora
Texto: 2006 - 2009: Cuatro décadas. Autor: Carlos Amézaga (Perú)
Data: 09 - 03 - 2010


Carlos Amézaga(*)

 2006- 2009: Cuatro décadas


2006-2009: Cuatro décadas

En el año 2009, se han cumplido 40 años desde que empecé a ver cine. Como lo he contado al inicio de estas crónicas, desde 1970 he venido anotando todas las películas que vi a partir de ese año en adelante. Creo que 40 años es bastante tiempo, por eso he decidido detenerme acá y poner punto final a este recorrido por mi historia personal a través del séptimo arte. Si viene algo más adelante, será materia entonces de un nuevo ciclo.

Estos últimos cuatro años los pasé parte en Lima y los últimos 18 meses en Buenos Aires. Es curioso, es en esta ciudad donde pude ver las primeras películas fuera del Perú, en el año 1986, acá será también donde veo las últimas de este largo recorrido.

Hay un poco de todo, pero por lo general la tendencia es hacia un cine más espectacular, de acción y aventuras, ese que puede seguir atrayendo a las multitudes, sea a través de las nuevas tecnologías, especialmente la 3D, que se vienen imponiendo como  lo más avanzado en esta primera década del siglo XXI, o de las propias historias cada vez más ligadas a la fantasía o los desastres de todo tipo y denominación.

2006-2009  ( 110 películas)

 

Deseo empezar por el cine peruano, es decir, lo que pude ver. Chicha Tu Madre, de Gianfranco Quattrini, realizador que vive en Buenos Aires, es un fresco, bastante ligero, de la cultura popular en el Perú: taxis, mujeres y fútbol, se combinan para mostrar la esencia del ser nacional a través de personajes populares. Claudia Llosa se convirtió en la nueva directora estrella con sus películas Madeinusa y, especialmente, La Teta Asustada, ganadora del Oso de Oro de Berlín. Ambas son historias basadas en hechos  o mitos ligados a la población de la sierra del Perú, de donde extrae a sus principales protagonistas. Llosa muestra una enorme sensibilidad para tratar los temas que expone, sin caer en estereotipos y dando cabida a la fantasía  y mitos andinos en sus narraciones.

 

Otro Llosa, Luis, presentó La Fiesta del Chivo,  versión cinematográfica de la obra de su tío Mario Vargas Llosa. La película cubre con fidelidad la historia narrada en la novela. Destacan algunas actuaciones como la que encarna al dictador dominicano Rafael Leonidas Trujillo, quien se hace odiar por la platea, tanto, quizás, como lo odiaron sus opositores en su momento. Mariposa Negra, de Francisco J. Lombardi, fue otra adaptación literaria, esta vez de una novela de Alonso Cueto, que narra una historia de venganza en la época de Vladimiro Montesinos en el Perú, circunstancias aun muy cercanas en el tiempo y que cuesta trabajo reconocer.

 

Dentro de las películas de habla hispana me gustaron mucho algunas como El Laberinto del Fauno, de Guillermo del Toro, una especie de cuento de hadas con personajes fantásticos y una historia subyugante; también Babel, de Alejandro González Iñárritu, en la que Brad Pitt desempeña un papel quizás consagratorio en una de las tres historias entrelazadas que nos presenta el director, todas ellas cargadas de dramatismo y mucho realismo, pues parecen extraídas de la vida cotidiana de nuestros tiempos.

 

 

El Orfanato, de Juan Antonio Bayona, fue otro magnífico ejemplo de ese cine que toca temas de carácter escatológico (en su acepción del estudio del más allá), como Los Otros o Sexto Sentido, en lo que todo lo extraordinario se nos aparece como muy natural, como si realmente estuviéramos rodeados de fantasmas que juegan e interactúan con nosotros de distintas formas o ¿no es así?.

 

Por último, no podía faltar Almodóvar y Los Abrazos Rotos, una película que nos emociona, como todas, con amores intensos y contrariados, colores subidos de tono y esa tremenda habilidad para que el melodrama no se le escape de las manos y termine como una comedia lindante con el ridículo; sólo el genial director Manchego puede hacernos creer que sus dramas son tan reales como un traje sastre color melón.

 

Dos directores norteamericanos, dos clásicos. Woody Allen nos trajo una buena y otra no tanto. Esta última, Cassandra’s Dream, no llega a alcanzar el brillo de sus comedias, quizás porque se queda sólo en el drama y allí el director pierde algo de consistencia. La otra, Vicky,Cristina, Barcelona, si es una tragicomedia muy lograda, con magníficas actuaciones (genial Penélope Cruz como amante despechada), con el telón de fondo de la mítica ciudad de Gaudí y otros paradisíacos rincones españoles.

 

Clint Eastwood es el otro clásico que no se cansa de darnos lecciones de buen cine. Tanto en Letters from Iwo Jima, como en Grand Torino, pese a las enormes diferencias que puede haber en un film sobre la guerra del Pacífico entre Japón y los EEUU (desde la perspectiva de los japoneses) y otro sobre un jubilado que atesora su camioneta Grand Torino y debe enfrentar a una pandilla de adolescentes en una pequeña ciudad norteamericana, en ambas se destila una enorme sensibilidad y un singular punto de vista que conduce al espectador siempre hacia el objetivo último, hacia el mensaje que la película conlleva, aunque sea con toda la crudeza del caso.

 

No dejaron de aparecer las secuelas de siempre, muchas de ellas esperadas, como Harry Potter y  La Orden del Fénix, de David Yates y Harry Potter y el Príncipe Mestizo, de  Chris Colombus. Cuanto más crecen los actores, menos creíbles aparecen, pero los peligros también aumentan y la oscuridad de la serie se vuelve más patente y la trama se un poco difícil de seguir, menos mal que casi todos hemos leído los libros para poder entender lo que sucede. No se quiso quedar atrás Steven Spielberg y nos trajo otra aventura del intrépido Indiana Jones and the  Kingdom of the Cristal Skull, simpático como siempre y bien dirigido, como para que siga ganando adeptos entre los jóvenes que no vieron las primeras aventuras. The Bourne Ultimatum, de Paul Greengrass y Casino Royale, Martin Campbell, cumplieron con la cuota de acción y emoción. Matt Damon como Bourne y el nuevo Bond Daniel Craig, hacen bastante creíbles a sus personajes, aunque las historias no lo sean tanto.

 

Me gustaron mucho: Ratatouille de Brad Bird, un film de animación muy “humano”, cálido, lleno de fantasía y de ternura, todo un homenaje a la cocina francesa y a los que la hacen posible; Das Leben der Anderen (La vida de los otros), de Florian Henckel von Donnersmarck, un trozo de historia del pasado reciente, de lo que fue la República Democrática Alemana, amores, celos, envidias, espías, rencores, sacrificios y redenciones, todos mezclados en las vidas de un dramaturgo y la del hombre que lo escucha entre las sombras; Batman, the Dark Night, de Christopher Nolan, un personaje oscuro y misterioso vestido de murciélago se enfrenta a un verdadero malvado escapado del comic tradicional y muy metido en las iniquidades de nuestra época, curiosamente llamado Joker, con una risa que no evoca nada bueno, la maldad en estado puro, excelentemente encarnada por un actor como Heath Ledger, fallecido muy joven para poder saborear su éxito. ´

 

También puedo destacar: No Country for Old Men, de los hermanos Coen, quienes saben como pocos llevar una mirada de humor en los temas más serios, como, por ejemplo, el narcotráfico y su secuela de crímenes y delitos conexos; Die Welle (La Ola), de Dennis Gansel, un experimento realizado por un profesor y sus alumnos de la clase de ciencia política se sale de los cauces esperados y convierte a jóvenes estudiantes en seguidores de una doctrina vertical y violenta, que nos hace acordar mucho a los orígenes del nazismo; Watchmen (Los Vigilantes), de Zack Snyder, es la puesta en escena de un comic “de culto” de los años 80, historia de unos superhéroes atrapados en sus vidas solitarias, presos de un pasado a medias glorioso y sometidos a un futuro incierto dadas sus circunstancias; y,  Slumdog Millionaire, de Danny Boyle, una gran sorpresa en los óscares pero también en las salas, al descubrirse que el cine de la India puede producir películas tan bien actuadas, originales, emocionantes y que muestran una cruda realidad que escapa a los cánones occidentales.

 

El cine americano produce cientos de películas distribuidas por todos los puntos del orbe. No todas alcanzan un grado superlativo, pero en general los principales productos son exportados y promocionados en todas partes con un grandioso despliegue de anuncios y propaganda, todo lo cual resulta muy importante, pues sin toda esta parafernalia es muy probable que gran cantidad de películas pasarían por las salas sin pena ni gloria, es decir, sin que se pudiera recuperar la inversión realizada.

 

Entre estas cintas sobresalen, entre otras, The Da Vinci Code, de Ron Howard, creo que un poco fallida, pues los personajes requieren hablar demasiado para contar la historia que  no la cuentan las imágenes, el libro resultó muy superior (para aquellos que gustan de esta clase de literatura). También, The Devil Wears Prada, de David Frankel, el mundo de la alta costura expuesto en todos sus matices a través de las historias de dos personajes interpretados por la gran Meryl Streep y por una estrella en ascenso, Anne Hathaway, quien al final termina robándose el show. Sex and the City, de Michael Patrick King, fue otro ejemplo de superproducción basado en una serie de gran éxito en la TV; las cuatro amigas neoyorquinas lograron emocionar a su público en dos largas horas de cotilleo y glamour, sin dejar de lado el drama con final feliz. Finalmente, The Curious Case of Benjamin Button, de David Fincher, demostró que aquello que es físicamente imposible, sí lo puede ser en el celuloide si se respetan las normas del buen cine.

 

El cine del otro lado, aquel que se hace casi a escondidas, con presupuestos no muy altos, o definitivamente bajos, me dejó también algunas buenas sensaciones, por ejemplo, aquella película donde las historias de la mafia rusa se mezclan en un Londres sombrío y distante en Eastern Promises, de David Cronenberg; o, 4 minuten (Cuatro minutos), de Chris Kraus, donde una convicta en la cárcel por un crimen pasional, logra redimirse o casi, gracias a una maestra de piano excepcional que logra explotar su talento escondido por mucho tiempo; o, finalmente, Paranormal Activity, de Oren Peli, filmada en una casa, con medios muy artesanales y que logra estremecer en algunos momentos gracias al supuesto realismo de sus imágenes.

 

¿Qué nos espera en el cine del futuro, especialmente cuando ahora podemos tener en casa películas con enorme calidad en imagen y sonido?. Pues, seguramente, lo que nos aguarda  es aquello que no podremos tener en nuestros hogares, como pantallas super gigantes y, por ahora, cine en tres dimensiones (3D). Por eso,  para finalizar estas crónicas debo mencionar a una película emblemática que nos muestra lo que ya es el cine del futuro, del siglo XIX: Avatar, de  James Cameron.

 

El valor que le encuentro a esta superproducción es precisamente el gran avance tecnológico que nos presenta con respecto al cine tradicional y que nos permite avisorar una nueva forma de apreciar el séptimo arte. El tema es bastante trillado, el enemigo infiltrado  que termina cambiando de bando y se enamora de la hija del jefe rival, acabando como líder de los que eran sus iniciales adversarios. Lo que cuenta, no obstante,  es la forma en que esta historia es narrada y el ambiente en que ha sido rodada, los paisajes, la fantasía y la facilidad con que ahora se pueden mostrar monstruos voladores en tres dimensiones, como si se salieran de la pantalla para atraparnos, pronto podremos hasta olerlos y tocarlos seguramente.

 

Por eso me detengo acá, con Avatar, esperando que lo que venga pueda ser así de espectacular pero con un mejor contenido y que no se pierdan los viejos valores del cine tradicional, donde lo que valían eran las buenas historias y los grandes comediantes,  que nos podían hacer reir o llorar, sin que para eso tuviéramos necesariamente que ponernos un par de lentes especiales o salir de la sala aturdidos por el ruido ensordecedor de explosiones u holocaustos.

 

¡Que la magia del séptimo arte se siga extendiendo como aquella fábrica de sueños que lo fue en sus orígenes!


(*)Carlos Amézaga, escritor, abogado y diplomático peruano. Actualmente vive en Buenos Aires.  Ganó el concurso de las 2000 palabras de la Revista Caretas, Lima - Perú. 2002/3. Publicó Ventanas Opuestas y otras ficciones verdaderas, Lima Editorial San Marcos, 2007.


VERSIONES - Página Principal


 Editorial 100  -  Catálogo  -  Versiones Virtual  -  100 palabras