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Director, editor e operador: Diego Martínez Lora

Texto: 1985: Un Nuevo Récord. Autor: Carlos Amézaga (Perú)

Data: 09 - 05 - 2006


Carlos Amézaga(*)

1985: Un Nuevo Récord


1985: Un Nuevo Récord

 

El año de 1985 fue muy importante por varias razones. Una de ellas es porque el 1 de enero empezó mi vida profesional como diplomático de carrera en el Ministerio de Relaciones Exteriores en Lima. Era la primera vez que me enfrentaba realmente con el mundo laboral en una de sus formas más elaboradas, es decir, la burocracia estatal.

 

Este cambio de situación trajo consigo, además de los lógicos beneficios en materia de aprendizaje en la carrera, unos ingresos superiores a los que hasta entonces había podido obtener en mis anteriores empleos temporales o de prácticas. Este hecho repercutió de manera significativa para que, entre otras cosas, pudiera ir más seguido al cine. Ese año llegué a las 65 películas, lo cual quebró mi record anterior.

 

1985 (65 películas)

 

Debo confesar que en este año primó mucho más la cantidad que la calidad. Si bien fueron 65 películas, el mayor número de ellas en una sola temporada hasta ese momento, no todas tuvieron un sello de calidad que las hiciera inolvidables o rescatables. Hubo, sin embargo un buen número de filmes que son dignos de recuerdo.

 

Empezamos con Los nuevos Monstruos (I Nuovi Monstri), donde Mario Monicelli. Dino Risi y Ettore Scola, tres de los más grandes realizadores italianos, se repartieron la dirección de 14 segmentos o pequeñas historias –muy divertidas- que reflejan la idiosincrasia del pueblo italiano. Recuerdo mucho a Ornella Muti en el sketch “Sin Palabras”, como una azafata del aire seducida por un terrorista, quien finalmente le entrega un paquete conteniendo una bomba que explota en el avión en el que se embarca la despistada azafata.

 

Luego vino Los Gritos del Silencio (The Killing Fields), el terrible drama de Camboya y la tiranía de Pol-Pot visto desde los ojos de un reportero inglés,  quien trata de escapar con la ayuda de un colega local. La película muestra las atrocidades del régimen de una manera bastante explícita. La escena inolvidable es aquella de la fuga a través de los campos de exterminio, donde las osamentas humanas se extienden por centenas de miles en campos donde la vista se pierde entre los restos de los miles de seres humanos sacrificados en nombre de una doctrina fundamentalista.

 

Más o menos en esa misma línea estuvo Bajo Fuego (Under Fire), donde un fotógrafo, encarnado por Nick Nolte, intenta escapar de los esbirros del régimen en Nicaragua por haber tomado una foto comprometedora. El tema de la guerra, en este caso la llamada “guerra sucia” en Argentina, es tratado en La Historia Oficial, de Luis Puenzo, donde una pareja, con una niña adoptada en los años del gobierno militar, se ve confrontada con el drama de los hijos de los “desaparecidos”, cuyas familias intentan recuperarlos de quienes los obtuvieron de manera poco clara durante la dictadura.

 

Woody Allen se hizo presente con dos filmes. Broadway Danny Rose, nos muestra a un empresario teatral frustrado, encarnado por Allen, a quien todos aquellos que él convierte en estrellas lo abandonan. Cuando aparece Danny Rose nuevos problemas vienen detrás pues tendrá que enfrentarse también con la mafia local. En la misma vena cómica, de ese estilo tan personal suyo, vino La Rosa Púrpura del Cairo (The Purple Rose of Cairo),  donde los sueños de una espectadora de cine se vuelven realidad cuando el actor que ella adora sale de la pantalla y se la lleva fuera de la sala. Ficción y realidad se confunden en un melodrama de época donde salimos ganado los verdaderos espectadores.

 

Hay películas en las cuales elementos como la música resultan fundamentales. Una de ellas es Furyo (Merry Christmas Mr. Lawrence), de Nagisa Oshima. David Bowie representa a un oficial inglés en una prisión japonesa durante la segunda guerra mundial, donde se produce un encuentro entre dos culturas muy distintas. Pero el tema y el clima de la película se ven realzados por la banda sonora del film. Una de las escenas finales, en las que se pronuncia la frase que da el nombre original a la película, resulta de una tristeza devastadora gracias a la música de Ryuichi Sakamoto. Realmente inolvidable.

 

Igualmente, otras películas pueden estar dentro del montón, pero contienen imágenes que jamás podremos dejar de recordar. Quizás Alien, el octavo pasajero (Alien), no sea una de tantas, pero el momento en que ese extraño ser, que viaja como polizón en la nave, sale a través del cuerpo de uno de los tripulantes seguirá marcado en nuestras retinas y también el sentimiento de asco y horror contenidos que nos produjo.

 

Este año fue un año Mozart. Muy pocos dejaron de ver Amadeus, el film que nos trajo a la vida al genial músico de Salzburgo. Hay muchas cosas que destacar. Lo primero, quizás, la risa de Mozart, realmente desproporcionada para lo que uno espera de este tipo de persona, pero al mismo tiempo tan viva, que nos hace apreciarlo como un hombre común y corriente, sin el aura de genio que todos imaginamos. Su genialidad está en la música, bellísima, que se puede escuchar a todo lo largo del film. Pero, más allá de todo ello está Salieri, el malo, el envidioso, pero uno de los pocos que puede apreciar en toda su dimensión la genialidad del hombre que odia y adora a la vez.

 

Algo que ayudó a la concreción del record, fue la presentación en las salas locales de dos festivales de cine, uno francés y otro español, respectivamente. Ambos nos trajeron toda una serie de nuevos realizadores y actores, en realidad, poco conocidos en nuestro medio, y fueron objeto de discusión por varias semanas.

 

Entre las francesas estuvieron Le Bon Plaisir, de Francis Girod, con Catherine Deneuve, Michel Serrault  y Jean-Louis Tringtignant. Un Presidente francés tiene una hija fuera del matrimonio y guarda este hecho como secreto de estado. Cualquier parecido con lo que se supo después acerca del Presidente Mitterand fue “pura coincidencia”. Mortelle Randonée, de Claude Miller, nos permitió admirar una vez más a Isabelle Adjani, junto a Michel Serrault, en un thriller con tintes de humor.

 

Jean-Luc Godard nos trajo su versión de Carmen en Prénom Carmen, con Maruschka Detmers en el rol principal. Una película hecha para los hinchas de ese director, pues está llena de idas y venidas en el tiempo, diálogos incomprensibles y demás. Recuerdo que salí del cine muy confundido, sin saber muy bien que es lo que había visto. Mucho más fácil de entender resultó Pauline a la Plage, de Erich Romer, un pequeño drama de amor y deseo durante el final de un verano en un balneario francés.

El festival español nos mostró a Pascual Duarte, de Ricardo Franco, en una hiper-realista recreación de la famosa novela de Camilo José Cela, incluyendo escenas como la muerte de un perro a tiros, en la que no hubo ningún efecto especial pues fue filmada tal cual. El Crimen de Cuenca, de Pilar Miró, marcó una feroz crítica a las fuerzas del orden españolas. Dos hombres humildes son cruelmente torturados hasta que se confiesan autores de un crimen, del cual son inocentes. La directora no se ahorra ningún detalle en las escenas de tortura, las cuales resultaron, recuerdo, un suplicio casi igual para los espectadores.

 

Carlos Saura se hizo presente con De Prisa, De Prisa!, una película de acción, en la que cuatro jóvenes marginales realizan un asalto con la idea de poder salir de su pobreza, pero las consecuencias los harán sufrir mucho, dadas las múltiples peripecias que tienen que realizar para escapar a la implacable persecución policial. Finalmente, El Caso Almería, de Pedro Costa, ingresa en el terreno político, pues trata sobre la muerte, a manos de militares, de tres jóvenes acusados de ser miembros del grupo terrorista ETA. Fue una película de denuncia que tuvo que superar muchos problemas para su exhibición en España.

 

El cine peruano también estuvo representado ese año con La Ciudad y los Perros, de Francisco J. Lombardi, en una adaptación de la célebre novela de Mario Vargas Llosa. Si bien no pudo abarcar todo el complejo mundo de la obra, el filme recoge la trama principal, alrededor del asesinato de un estudiante de un colegio militar en Lima, quien ha sido acusado de delator por algunos de sus compañeros. Los personajes principales del libro cobraron vida en la pantalla de una manera más o menos convincente y lograron emocionar a los espectadores peruanos, quienes de alguna forma nos vimos reflejados en escena.

 

007 en la Mira de los Asesinos (A View to a Kill), fue la última de la serie de Roger Moore encarnando al agente secreto de su Majestad. En esta ocasión,  se explora el mundo de la informática en Silicon Valley, donde un pequeño chip en las manos de un demente puede traer muchos problemas al mundo y sólo hay un hombre capaz de hacerle frente. Las escenas de acción, como siempre, lo mejor del film.

 

La locura, desde otro registro, también pudo encontrarse en Brazil, de Terry Gilliam. Una sociedad del futuro, con algunos reflejos del pasado, en la que se mezclan venturas y desventuras de un burócrata víctima de un error administrativo, del cual parece no haber escapatoria posible. La película es complicada de seguir, ni siquiera el humor, presente a cada momento,  minimiza la sensación de estar siempre como un paso atrás de lo que el director nos quiere decir.

 

Finalmente, Volver al Futuro (Back to the Future), nos envió a un viaje más bien al pasado,  en clave de humor y efectos especiales, en una típica comedia norteamericana donde se lucen tanto Michael J. Fox, en el rol protagónico, como Christopher Lloyd  en el papel de científico loco, capaz de inventar una máquina del tiempo.

 

Así cerramos el año 1985, con máquinas extrañas, personajes alucinados, con viajes al futuro y al pasado, pero con ganas de seguir viendo más y más cine.


(*)Carlos Amézaga, escritor, abogado y diplomático peruano. Actualmente vive en Lima.  Ganó el concurso de las 2000 palabras de la Revista Caretas, Lima - Perú. 2002/3


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