VERSIONES

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Versiones
Director, editor e operador: Diego Martínez Lora
Texto: 1991 Autor: Carlos Amézaga (Perú)
Data: 12 - 03 - 2008


Carlos Amézaga(*)

 1991: Preparando la partida


El inicio de la década de los 90 me cogió todavía en Bruselas, cada vez más imbuido en el mundo del cine europeo, en general, y el cine francófono, en particular. Como ya tenía una compañera ideal para ir al cine, cada vez se hacía más placentero buscar una película en cualquiera de las numerosos salas, incluso de barrio, que aun existían en esa ciudad y encaminarse después del trabajo a una nueva cita con el séptimo arte.

Recuerdo también que Bruselas mantenía uno de los mejores museos del cine de Europa, se decía incluso que de vez en cuando prestaban algunas películas a instituciones francesas que no contaban con las mismas. Es por ello que resultaba fascinante también caerse de vez en cuando por allí y ver alguna reliquia cinematográfica, muchas veces de la época del cine mudo, en funciones que eran acompañadas, como entonces, por un pianista.

Ese año, sin embargo, se dio inicio a un fenómeno que empezó a cambiar la forma de ver el cine. Se  inauguraron las primeras multisalas, con todos los adelantos modernos en comodidad, sonido, tamaño de pantalla y popcorn incluido. El caso de Kinépolis fue el más emblemático, pero ya lo comentaremos más adelante. Mientras tanto empezó la lenta agonía de las viejas salas de cine de la ciudad, cada vez más olvidadas por el público frente a los embates de la modernidad y las necesidades del nuevo cine de acción y lleno de efectos especiales procedente, en su mayor parte, de los estudios hollywoodenses, los llamados blockbusters.

1991 (60 películas)

 

Entre otras aficiones que pude cultivar en mi primer paso por Europa fue el jazz. La cercanía con festivales importantes como el del Mar del Norte en Holanda, los propios de Bélgica y los franceses, me permitieron tener un acercamiento directo con los principales músicos de jazz que todos los años viajan por Europa en el verano y el otoño. Pero hubo también películas como Thelonious Monk: Straight no Chaser, que llevaron la magia de este tipo de música a la pantalla grande. Este documental recoge una serie de entrevistas a gente muy cercana a Monk, así como algunas actuaciones en vivo del genial músico con su banda, lo cual, sin duda, es lo mejor del film.  Para todos aquellos que no tuvimos la suerte de verlo en vivo, este documental es seguramente la mejor forma de conocer y apreciar a una de los más talentosos músicos de jazz de todos los tiempos.

Otra saga cinematográfica concluyó, y en muy buena forma, ese año. Con The Godfather 3 (El Padrino 3), se cerró una de las series más exitosas de todos los tiempos, no sólo por el número de espectadores a nivel mundial,  sino por la calidad de la misma. En esta última entrega, Al Pacino  vuelve a mostrar esa grandeza en la actuación que ha hecho de él uno de los íconos del cine en el siglo XX. Desde sus conversaciones con el Papa,  hasta sus gestos de horror al conocer el asesinato de su hija, muestra esa variedad de registro actoral de la que siempre ha hecho gala y lo ha hecho célebre en sus representaciones.

El cine norteamericano siempre anda en la busca de héroes para filmarlos y mostrarlos al mundo como ejemplo. Ese es el caso de la historia de un avión bombardero en la Segunda Guerra Mundial, contada en Memphis Belle, donde apreciamos el valor de la dotación de la aeronave al regreso de cumplir una misión. Otra clase de héroe fue la representada por Kevin Costner en Dances with Wolves (Danza con Lobos), pues es un soldado autoexiliado en las entonces fronteras americanas hacia el oeste, quien logra ser aceptado por una tribu de indios locales, pero deberá enfrentar después el avance de las tropas americanas en la conquista de esos territorios.

Un héroe totalmente distinto nos mostró el belga Jaco van Dormael en Toto le Herós, (Toto el Héroe) historia de un anciano, en clave de comedia,  que en sus últimos días hace un repaso de su desdichada vida, comparándola con la aparentemente muy feliz de su vecino de la infancia, quien a lo largo del tiempo le robó muchos de sus sueño e ilusiones y acaso también su propia vida.

Jeunet y Caro, una dupla de realizadores franceses sorprendieron ese año con Delicatessen, una divertida comedia de humor negro, ambientada en un futuro quizás no muy lejano donde la comida es un bien escaso y el dueño de un hotel tiene que recurrir a ciertos “excesos” como la antropofagia para alimentar a sus huéspedes. Otra historia europea fue Ay Carmela, de Carlos Saura, con Carmen Maura y Andrés pajares en los roles principales. La trama está situada en la guerra civil española y cuenta las aventuras de una pareja de comediantes que deberán romper sus principios si quieren salvar la vida. Queda una frase para la historia cuando Pajares, bastante necesitado, le exige favores a su mujer (Maura) y le agrega el latinajo: “semen retentibus venenum est”.

Les Deux Anglaises et le Continent (Las dos Inglesas y el Continente), de François Truffaut,  resultó,  aunque vista con un poco de retraso, una historia de amores contrariados enfocada en el pasado, pero con vigencia para cualquier historia en el presente. Un joven francés viaja a Gales y enamora a dos hermanas quedando en casarse con una de ellas, pero deberán pasar un año separados antes de que esto ocurra. Ese año de separación será decisivo para los sentimientos de las dos hermanas y del joven francés, para entonces ya preocupado en otros amores.

Una nueva película de los entonces aun jóvenes realizadores los hermanos Cohen, Barton Fink, ganó el festival de Cannes y se convirtió en un éxito fulgurante. Es la historia, teñida de humor muy negro, de un escritor de Nueva York que parte a Los Angeles para escribir guiones de películas de serie B, pero al llegar se encuentra con que no puede escribir ni una sola línea pues, aparentemente, se le ha secado la inspiración. Los personajes que lo rodean en ese trance, empezando por su curioso vecino de cuarto en el hotel donde se hospeda,  lo llevan a las situaciones de los más absurdas, creando en el espectador una curiosa mezcla de compasión y diversión, todo ello gracias al excelente guión y dirección de los Cohen. A partir de allí decidimos ver todo lo que estos hermanos genios produjeran en el futuro.

Stephen King, el llamado mago del suspenso, ha escrito muchos libros que han sido también grandes éxitos en la pantalla. Uno de ellos es Misery, la historia de un autor, encarnado por James Caan, que es atrapado por una de sus fans en una cabaña en medio del bosque y de la nieve de un terrible invierno. La sensación de angustia que se hace sentir durante la película alcanza su clímax en algunas escenas como aquella –horrorosa, indescriptible- en la que, con un leño entre las piernas, el hombre recibe un golpe de comba que le parte los tobillos. Sólo he podido ver la película una vez y la he evitado en televisión o DVD pues me queda todavía esa atroz sensación de desasosiego.

Más o menos dentro de ese mismo registro,  The Silence of the Lambs (El Silencio de los Corderos), nos trajo la primera aventura de Hannibal el Caníbal y la agente  del FBI Clarice Starling. Es indudable que con actores como Anthony Hopkins, que llenan la pantalla con su presencia, se puede hacer esta clase de películas que emocionan, sorprenden, angustian, pero que, a la larga,  reconcilian al espectador con el cine de entretenimiento de gran calidad. Aquella escena final en la que Clarice intenta atrapar en medio de las tinieblas al asesino en serie, quien sí puede verla  con sus lentes especiales, debe formar parte de la antología de las mejores escenas de suspenso de todos los tiempos.

Hubo algunas otras cosas interesantes ese año, como por ejemplo Jacob’s Ladder (La Escalera de Jacob), de Adrian Lyne, en la que un veterano de la guerra de Vietnam  (Tim Robbins) se ve acosado por su pasado y por ciertas culpas que no lo dejan vivir normalmente, es la historia de un descenso hacia la locura. En Edward Scissors Hands (El Joven Manos de Tijera), Tim Burton nos ofrece un moderno cuento de hadas, en el que un muchacho que tiene tijeras en vez de manos,  se enamora de una chica que no podrá corresponderle como es debido. Este fue uno de los primeros papeles en los que Johnny Depp muestra su talento para cambiar de imagen y de registro con una facilidad que tienen sólo los grandes actores, aunque, como me parece que es su caso, muchas veces caiga en la sobreactuación.

La vida, obra, milagros y muerte del cantante Jim Morrison estrella de The Doors, fue presentada en forma de homenaje por Oliver Stone, contando con la complicidad de Val Kilmer quien parecía realmente un hermano gemelo del original. Yo nunca fui un fanático de este grupo, sin embargo, estando una vez con Mily en el cementerio de Montparnasse en París, buscando la tumba de César Vallejo (que está en el de Père Lachaise!) dimos por casualidad con la tumba de Morrison. Allí pudimos comprobar in situ la devoción de algunos de sus adoradores, dada la enorme cantidad de mensajes y el número de ramos de flores que aun siguen dejando en esa inmensa lápida de piedra que cuida sus restos.

Finalmente, un film que continuaba la tradición del road movie con las cintas de corte feminista fue Thelma and Louise, de Ridley Scott. Dos mujeres, de alguna manera oprimidas por sus parejas, deciden dar un paseo en libertad y parten sin rumbo fijo en el auto de una de ellas, pero las cosas les salen mal y empiezan a ser perseguidas por la policía. Estas dos mujeres (geniales Susan Sarandon y Geena Davis) son protagonistas de una fuga que ellas mismas saben no podrá tener un desenlace feliz,  pues sólo el atroz final podrá hacerlas libres. Una breve aparición de un muy joven Brad Pitt le agrega un toque de glamour a esta película,  hoy considerada de culto entre los especialistas del género.

Se acababa el año y nuestra estancia en Europa también. Tendríamos que ver todo el cine posible en 1993 antes de regresar al Perú, y así ocurrió.


(*)Carlos Amézaga, escritor, abogado y diplomático peruano. Actualmente vive en Lima.  Ganó el concurso de las 2000 palabras de la Revista Caretas, Lima - Perú. 2002/3. Publicó Ventanas Opuestas y otras ficciones verdaderas, Lima Editorial San Marcos, 2007.


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