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Director, editor e operador: Diego Martínez Lora
Texto: 1988: El año de Milagros. Autor: Carlos Amézaga (Perú)
Data: 17
- 12 - 2007
Carlos Amézaga(*)
1988: el Año de Milagros
Este año también fue especial, pues dejé de ir al cine en solitario. En realidad también solía ir con otras personas, pero el hecho de entrar a un cine para mí fue siempre casi como una ceremonia. Es decir, no se trataba sólo de “ir al cine”, para distraerse o pasar el rato, no, para mí, por lo menos en los últimos años la idea era ir a ver tal o cual película, si no había nada que ver, entonces no iba al cine. Es por ello que más de la mitad de las películas que había visto las había visto solo, sin nadie a mi costado con quien comentarlas, no los necesitaba, hasta el año de 1988.
Ese año apareció Milagros, Mily, para los amigos y allí se quedó, por lo menos hasta ahora. Cuando uno conoce recién a una persona no se sabe cuáles serán sus gustos o preferencias, cuáles sus ideas sobre tal o cual tema, qué le llama la atención o qué la deja indiferente. El cine es una buena manera de empezar a conocerse. Más allá del momento de escoger una película, lo cual da una primera idea sobre las preferencias, cualquiera genera la posibilidad de intercambiar puntos de vista y discutir. Así nos vamos conociendo.
Como los años inmediatemente anteriores, éste fue muy variado y abundante en filmes de calidad, algunos inolvidables.
1988 ( 59 películas)
Empezamos con Gardens of Stone, de Francis Ford Coppola. Nadie como este director para filmar la guerra, sus estragos y secuelas en aquellos que la viven; hay además bellísimas escenas mostrando los rituales de los funerales de soldados caídos en ación. Este fue también un año de Michael Douglas; primero fue Atracción Fatal (Fatal Attraction) donde encarna a un hombre común y corriente que tiene una aventura extra conyugal con una mujer adulta, pero que luego resulta una desquiciada y obsesa que le hace la vida imposible. Más de uno seguramente dejó de tener aventuras luego de ver esta película. Luego vino Wall Street, donde Douglas da vida a un exitoso agente de bolsa capaz de cualquier cosa para seguir incrementando sus ingresos. Pocas veces se ha mostrado en pantallas de manera tan descarnada el mundo de esa fábrica de hacer dinero que es la bolsa y los millones que circulan diariamente cambiando de mano en mano.
Luego de muchos años de haber sido estrenada, pude ver Saló o los 120 días de Gomorra, célebre película de Pasolini donde nos muestra las más grandes aberraciones a las que puede llegar un ser humano cuando tiene el poder para hacerlo. El film es una fábula sobre el poder y utiliza a los nazis y a un viejo castillo donde están encerrados decenas de jóvenes, para ejemplificar la abyección de los tiranos y la sumisión, en este caso sexual, a la que se ven sometidos esos muchachos y muchachas. Hay ciertas escenas que causan repulsión y recuerdo a más de un espectador que abandonó asqueado la sala de proyecciòn.
En otro registro, pero también con un fuerte contenido sexual estuvo 37.2 Le Matin (Betty Blue), donde la sensual Beatrice Dalle, Betty, deja sin aliento durante casi toda la película al aprendíz de escritor, Zorg, encarnado por Jean-Hugues Anglade. Sin duda, el hecho de estar en Bruselas me permitía escoger muchas películas del cine francés, entre ellas estuvo Saxo, de Ariek Zeitoun, protagonizada por Gérard Lanvin, donde la principal protagonista es la música, el jazz, a través de la historia de un saxofonista que intenta hacer crecer musicalmente a una pequeña banda. En ese mismo tema, Bird de Clint Eastwood, nos trajo su visión sobre la vida de Charlie The Bird Parker, el genial músico, creador del bebop, quien se autodestruye por su afición a las drogas, pero resucita cada vez que se prende de su saxo alto.
Eric Rohmer, otro de los grades directores galos, nos presentó ese año Le Rayon Vert (El Rayo Verde), nombre tomado de una novela de Julio Verne, en la que se afirma que el último rayo que el sol deja ver a la hora de ocultarse es uno de color verde, así que hay que estar muy atento para poder verlo. Muchos amigos dejará pasar la protagonista, hasta encontrar una pareja que le enseñe a mirar el sol en el ocaso y descubrir quizás ese misterioso rayo. Siempre en el marco del cine francés, una superproducción de Luc Besson nos hizo soñar con el mar y las aventuras de aquellos que, como Jacques Mayol (Jean-Marc Barr), se sienten debajo del agua mejor que en la superficie. Le Grand Bleu (The Big Blue), no es sólo la historia de ese buzo adorador de las profundidades y de su permanente competencia con Enzo Molinari (Jean Reno), sino que es casi un himno al mar, sus profundidades y a los hombres que juegan con él.
En Frantic, de Roman Polansky, un americano recién llegado a París (Harrison Ford) es víctima del secuestro de su mujer, no habla francés y choca con unas costumbres extrañas para él, hasta que una parsina (Emmanuelle Seigner) lo ayuda a descubrir a los raptores y a desenredar la extraña trama en la que se ve envuelto sin saber cómo. Otro film con extrañas circunstancias fue Drowning by Numbers, de Peter Greenaway, en el que tres mujeres de igual nombre, madre, hija y nieta se deshacen de sus respectivos maridos ahogándolos, siempre con la complicidad de un médico legista que ayuda a ocultar los crímenes; el secreto está, quizás, en los números del 1 al 100 que aparecen aleatoriamente en la pantallas durante toda la proyección.
Creo que fue viendo L’ Ours (El Oso), emotivo documental dramatizado de Jean-Jacques Annaud, cuando Mily entró en escena, a los dos nos gustó y emocionó, especialmente en aquellas partes en que el joven oso es salvado de las garras del puma que lo persigue por el oso mayor, el cual al final se conviere en su protector, casi en su padre. Ella también me llevó a ver The Umbearable Lightness of Being (La Insostenible Levedad del Ser), basada en la obra homónima de Milan Kundera; Juliette Binoche y Lena Olin comparten el amor de un médico durante los distubios de la Primavera de Praga en 1968. La magia de esta película hizo nacer en mí una larga relación con el genial autor checo a quien he seguido en todos sus libros.
La insistencia de Mily hizo que por fin pudiera ver una película de culto que tenúa ya varios años en cartelera, The Rockie Horror Picture Show, donde a una pareja de recién casados le ocurre todo lo imaginable en una sola noche, en un misterioso castillo al cual concurren invitados muy curiosos. El film incluye mucha participación por parte de la platea, desde prender velas, lanzar gritos y bailar, hasta tirar pop corn contra la pantalla; la acción está en medio de las butacas más que en el escenario, todo un espectáculo.
Ese año pues hubo mucho y de todo un poco, entre otras, una película que levantó mucha polémica: The Last Temptation of Christ (La Última Tentación de Cristo), de Martin Scorsese. Cristo visto desde su perspectiva de hombre, dejando de lado su parte divina. Una visión singular que desconcertó a los creyentes y generó ciertos actos de fundamentalismo entre los muy fervientes. Observar a Jesús como un hombre normal, con sus dudas, sus deseos, sus ilusiones y su atroz final, nos hacen valorar mucho más su enorme sacrificio, que le ha valido estar presente en nuestras vidas más de dos mil años después de su muerte terrenal. El film no me parece que sea irreverente, al contrario, releva la figura de un hombre que deja de lado lo que más quiere para enseñarnos un camino de vida.
Bagdad Café, nos dejó una melodía triste e inolvidable, en medio de un desierto donde dos mujeres muy distintas aprenden a conocerse, aceptarse y finalmente a quererse. Camille Claudel, con Isabelle Adjani en el rol principal, construye el retrato de una artista atormentada por su amor al escultor Auguste Rodin (Gérard Depardieu) y a su propio trabajo, al cual nunca llega a valorar en su justo valor. Vida y obra se entremezclan y Camille no puede abarcar tanta pasión y termina abandonada en un sanatorio mental.
Finalmente, hubo otra “primera vez” con un cineasta que pasaría a ser nuestro favorito en los siguientes años: Pedro Almodóvar. Mily había vivido algunos años en España durante la famosa “movida”, por eso entendía muy bien el mundo que Almodóvar pretendía mostrar en sus películas. En 1988 alcanzamos a ver La Ley del Deseo, sexta película del director manchego, pero que para nosotros era la primera.
El mundo de Almodóvar está lleno de hombres que persiguen a otros hombres, mujeres alteradas que se drogan, monjas libertinas, amas de casa que se tornan homicidas, toreros desquiciados, yonquis redimidos o travestis enamorados, presentados siempre en ese límite tan confuso entre lo dramático y lo burlesco. Almodóvar es el rey del melodrama.
Ese primer encuentro con su cine nos impactó, sobre todo quizás por el tema marcadamente homosexual, pero siempre con ese humor tan personal y con ese toque sútil que permite que la escena más chocante pueda resultar muy natural o incluso divertida. Ese fue el comienzo y en lo sucesivo vendrían los demás filmes del español, vistos y revisitados en más de una ocasión siempre con el mismo fervor y la misma satisfacción.
Ese año también, se me hizo costumbre salir del cine e ir a tomar un café o una cerveza y comentar lo que habíamos visto, así son los milagros.
(*)Carlos Amézaga, escritor, abogado y diplomático peruano. Actualmente vive en Lima. Ganó el concurso de las 2000 palabras de la Revista Caretas, Lima - Perú. 2002/3.
Publicó
Ventanas Opuestas y otras
ficciones verdaderas, Lima Editorial San Marcos, 2007.