VERSIONES (renovada)
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Director, editor e operador: Diego Martínez Lora
Texto: 1983-84: La función debe continuar. Autor: Carlos Amézaga (Perú)
Data: 21 - 02 - 2006
Carlos Amézaga(*)
1983-84: La función debe continuar
En el año 1983 ya había terminado la universidad. Los años de derecho habían sido interesantes en lo teórico, pero se habían mostrado decepcionantes en la práctica. Descubrí que el diario ejercicio de las enseñanzas universitarias se encontraba plagado de incoherencias y dificultades casi insuperables; también constaté que derecho y justicia rara vez van de la mano. Por ello, el año anterior, había decidido dar un giro desde lo que entonces venía siendo mi carrera legal, hacia lo que alguna vez había soñado sin saber muy bien que cosa era: la diplomacia.
En la Academia Diplomática encontré un mundo que se parecía más al colegio que a la Universidad, pero, al mismo tiempo, se me abrieron las puertas a una nueva carrera profesional que me llevaría a conocer cosas nuevas fuera de mi país: una de ellas, claro está, el cine. Mientras estuve en la Academia, sin embargo, seguí siendo fiel, en la medida de lo posible, y en medio de exámenes, seminarios y conferencias, a mis convicciones cinematográficas; es más, logré incluso mejorar el número de películas vistas con relación a los años anteriores, de lo que puedo dar cuenta en el siguiente testimonio.
1983 ( 47 películas )
La primera película del año fue una que es ahora considerada un verdadero clásico: E.T, un cuento de hadas moderno narrado casi a la perfección por Steven Spielberg, con escenas antológicas y momentos de ternura difícilmente alcanzados hasta entonces por alguna otra producción cinematográfica en ese género.
Ese año también vi El Graduado (The Graduate), el deseo por la mujer madura nos impactó a todos los que andábamos empezando nuestra edad adulta en esos momentos. Al escribir esta crónica me entero de la muerte de la actriz Anne Bancroft, la inolvidable suegra, protagonista de la historia y no se me ocurre más que ofrecerle el hermoso recuerdo de ella en esta película, en su memoria.
El cine francés llegaba a Lima a cuentagotas. Salvo quizás algunas comedias de Louis de Funēs o filmes de acción de Jean Paul Belmondo, había que esperar que los cine-clubes nos dieran la oportunidad de ver algo mejor o, más bien, distinto. Ese año así ocurrió. Se realizó un festival de cine francés, toda una semana con lo mejor de la cinematografía gala en Lima. Recuerdo cuatro películas: la primera de ellas fue Verano Mortal (Mortal Randonée), protagonizada por Isabelle Adjani, un thriller a la francesa, cuyo principal atractivo era precisamente la presencia de Adjani. Luego vino, La Primera Fiesta (La Boum), una comedia de adolescentes que mostró a una nueva actriz, aun casi una niña, Sophie Marceau. También estuvo Borrón y Cuenta Nueva (Coup de Torchon), de Bertrand Tavernier, film de un humor muy negro con Philippe Noiret.
La mejor fue La Mujer de Al Lado (La Femme d’a Coté) de Francois Truffaut. El talento de este director ya lo conocía, pero siempre hay lugar para una nueva visión, sobre todo si se trata de un drama amoroso como el que relata esta película, donde Fanny Ardant se luce al lado de Gerard Depardieu. Este fue un año Truffaut pues también alcancé a ver Las Dos Inglesas y el Continente (Les Deux Anglaises et le Continent) y Disparen al Pianista (Tirez sur le Pianiste), ambas magníficos ejemplos de la filmografía de este director y de la famosa nouvelle vague francesa. Por supuesto estas dos películas fueron vistas en los cine clubes de aquella época.
De alguna manera ya había pasado la etapa de ir con los amigos a ver lo que pusieran, sin ninguna consideración adicional, especialmente cuando se trataba de películas con alto contenido erótico, estelarizada por alguna de aquellas artistas que nos llenaban el ojo y poblaban nuestras fantasías en las largas noches en solitario. Pero no era un tema a ser descartado, en especial cuando se trataba de directores o películas de calidad. Eso pasó, por ejemplo, con Woody Allen en su Comedia Erótica de una Noche de Verano (A Midsummer Night’s Sex Comedy) y con Dino Risi en Perfume de Mujer (Profumo di Donna).
La primera es una delicada comedia en la cual el sexo es el centro de conversación entre un grupo de personas reunidas en una noche de verano, el humor y el sexo se conjugan bajo la siempre hábil dirección de Allen. En la otra, Vittorio Gassman compone uno de sus roles más brillantes, encarnando al ciego capitán Fausto, quien viaja de Turín a Nápoles acompañado de un joven inexperto, convirtiendo el trayecto en un viaje de iniciación para su acompañante.
Hablando de sexo, El Ansia (The Hunger), de Tony Scott, nos muestra a corte de modernos vampiros, ansiosos de sangre para seguir siendo jóvenes. Catherine Deneuve y Susan Sarandon realizan una de las más famosas escenas de lesbianismo, pocas veces vistas en pantalla, especialmente tratándose de actrices de renombre, y todo para salvar a David Bowie, vampiro mayor que envejece inexorablemente...
El año se completó con algunos otros muy buenos filmes. Por ejemplo, La Decisión de Sophie (Sophie’s Choice), quizás no tanto en ese momento, pero años después, sabiendo ya lo que es tener un hijo, he fantaseado un poco sobre la terrible decisión que tiene que hacer esa madre judía encarnada por Meryl Streep. Dustin Hoffman nos hizo reir y también lagrimear un poco en su magnífico papel de travesti en Tootsie y también alcancé a ver a Steve McQueen, en la mejor persecución automovilística jamás filmada hasta entonces, en Bullit.
Finalmente, empezaba la carrera de un cineasta peruano: Francisco J. Lombardi, su Maruja en el Infierno dejaba apreciar ya una mano bastante diestra para contar historias y llegar al espectador. Además, Klaus Kinski se mostraba totalmente desquiciado en la piel de Fitzcarraldo, filmada en parte en el Perú; Isabelle Adjani creaba fuertes emociones en Violeta y Francisco (Violette et Francois) y Pink Floyd hacía ver estrellas a toda una generación de peruanos con The Wall.
Ese fue 1983 y el año siguiente fue muy parecido.
1984 (44 películas)
La saga continuó: El Regreso del Jedi (Return of the Jedi), fue un éxito tan grande como sus predecesoras. Muchos años después he vuelto a ver toda la serie de la Guerra de las Galaxias y he podido comprobar que, sobretodo las primeras, no han perdido su frescura, aunque se note ya el paso del tiempo a nivel de efectos especiales. Precisamente, las últimas 3, es decir las 3 primeras en el orden de las aventuras, a mi parecer se quedan más en los efectos especiales que en la propia historia, en fin...
Si bien todavía no se hablaba de internet, ya en 1984 se dejaba sentir el peso que las computadoras y la informática empezaban a tener en el mundo, para bien y para mal. Juegos de Guerra (War Games) fue una película, sin ser ninguna maravilla en su género, donde quedaba claro que aquellos que supieran manejar bien un teclado de ordenador podrían conquistar el mundo. Un muchacho está a punto de desencadenar una guerra atómica al confundir los archivos del Pentágono con un juego de simulación de guerras. El desarrollo y el final son previsibles, pero dejaron una marca para muchos filmes posteriores inspirados en esta clase de ciencia -ya no tan- ficción.
En La Guerra del Fuego (La Guerre du Feu), Jean Jacques Annaud nos dio una lección de pre-historia, contándonos como nuestros remotos antepasados lucharon por conseguir el fuego y poder mantenerlo encendido pues no sabían todavía como hacerlo, las cerillas, creo, se inventaron unos cuantos siglos después. Albert Finney en El Vestidor (The Dresser) compuso un complejo papel de actor en busca de su personaje. Hay algunas escenas memorables entre este actor en decadencia con su asistente, todo en medio de los bombardeos de Londres durante la Segunda Guerra Mundial.
Hay también otros tipos de decadencia, como la de aquel viejo y alcohólico cónsul americano en un pueblo de México, también encarnado por Albert Finney, en Bajo el Volcán (Under the Volcano). Pocas veces se logra llegar con tanta crudeza al espectador, al mostrarse una vida que irremediablemente se dirige hacia su autodestrucción. Decadente es también el mafioso de Caracortada (Scarface), donde Al Pacino nos trae una de sus interpretaciones más violentas. Recuerdo una escena atroz: Dos de los matones amenazan a un tipo con una sierra eléctrica ... y al final la utilizan!
Este año también soñé y suspiré con una ciudad que anhelaba conocer: Nueva York. Es que Manhattan, es NuevaYork y Woody Allen el genio inventor de esa comedia agridulce que nos muestra como magnífico telón de fondo a la gran ciudad, la gran manzana, esa que nunca duerme. Zelig, del mismo director, fue más bien una comedia del mejor estilo de Allen, transformado en distintos personajes según su interlocutor. Otra clase de sueños me trajo Fantasia, la magia de Disney en todo su esplendor, con un conjunto de piezas musicales maravillosas y esos dibujos animados en armoniosa sintonía.
En cuanto al cine en español hubo algunas interesantes. Carlos Saura nos trajo Carmen, en su estilo, con Antonio Gades y su incomparable ballet flamenco. Las Bicicletas son para el Verano, de Jaime Chavarri, tenía una vez más a la guerra civil española como protagonista, pero esta vez desde la perspectiva de una familia; la guerra no se ve directamente, pero se siente. Un documental peruano, Miss Universo en el Perú, llamó la atención por la manera de enfocar el tema del famoso concurso, que se había llevado a cabo un año antes en el Perú. Las escenas entre las bellas señoritas concursantes y el mundo de glamour en que se mueven, eran contrastadas con imágenes del Perú profundo y su nada glamorosa realidad.
Yo creo que el cine americano, esa fábrica de sueños de la que se habla, es realmente una industria no sólo poderosa, sino capaz de todo, de lo mejor y de lo peor. Los ejemplos abundan en uno u otro sentido. Lamentablemente, muchas veces caen en la tentación de rehacer, al estilo holliwoodense, películas extranjeras que han tenido éxito local, generalmente en Europa, pero que no han tenido el mismo en tierras norteamericanas. Ese fue caso el caso de Mis problemas con las Mujeres (The Man who Loved Women). Blake Edwards intenta rehacer el personaje creado por Truffaut en El Amante del Amor (L’Homme qu’amait les Femmes), pero Burt Reynolds no logra ni por asomo acercarse a la sensibilidad necesaria para encarnar a ese hombre obsesionado por las mujeres. La película, en general, falló en todo sentido y dejó esa sensación de que el dinero y la fama no lo pueden todo.
Finalmente, cabe mencionar algunos otros filmes que dejaron cierta huella en la memoria, todos distintos unos de otros: Gandhi, grandiosa y elocuente; Frances, con Jessica Lange encarnando a una actriz de instintos suicidarios; Gremlins, graciosa y divertida; y, Karate Kid, casi una parodia americana del cine made in Hong Kong.
(*)Carlos Amézaga, escritor, abogado y diplomático peruano. Actualmente vive en Lima. Ganó el concurso de las 2000 palabras de la Revista Caretas, Lima - Perú. 2002/3