VERSIONES

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Versiones
Director, editor e operador: Diego Martínez Lora
Texto: 1989 - 1990: Fin de los ochentas. Autor: Carlos Amézaga (Perú)
Data: 22 - 01 - 2008


Carlos Amézaga(*)

 1989- 1990: Fin de los ochentas


Se venía el fin de otra década y me encontraba en el mejor momento de mi carrera como espectador de cine en Bruselas. Los últimos años habían estado llenos de acción, aventuras, emoción, risas y lágrimas, todo gracias al celuloide. Además, contaba ya con una compañera, Mily, en casi todas mis incursiones en las salas oscuras, lo cual me permitía discutir un poco más sobre el material fílmico observado y, en buena cuenta,  hacía mucho más grato el ir al cine.

 

1989 ( 60 películas)

 

Hacia el final de 1988 habíamos descubierto recién a Almodóvar, pues bien, 1989 fue un año Almodóvar por excelencia, ya que alcanzamos a ver todo lo que hasta ese momento tenía para ofrecer. Desde Pepi, Lucy, Bom y otras chicas del montón, hasta Mujeres al borde de una crisis de nervios, pasando por Laberinto de pasiones, Entre tinieblas, ¿Qué he hecho yo para merecer esto? y Matador, todas dejaron una huella indeleble en nuestro ya decidido gusto a favor del cineasta manchego.

 

Hay escenas que se hacen difíciles de olvidar, como aquella de Carmen Maura, en ¿Qué he hecho yo…?, liquidando a su abusivo marido de un golpe de pierna de cerdo, arma asesina que estará siempre a la vista de los investigadores del crimen; o de la misma actriz en Mujeres al borde…, desesperada, haciendo mil cosas junto al teléfono e incendiando su cama, esperando una llamada que nunca llegará; o la de Assumpta Serna clavando un aguijón en la espalda de su amante en el momento del climax, en Matador. Todo eso fue Almodóvar, además del drama, el humor, la originalidad, su magnífica dirección de actores, sus actrices fetiche, y sería mucho más en los años siguientes

 

Una de las ventajas que tiene Bruselas es que se encuentra cerca a París, donde la oferta cinematográfica es posiblemente la mejor del mundo. Por eso, al saber por algunos amigos que en la sala “Le Latina” de dicha ciudad se estaba presentando La boca del lobo, de Francisco J. Lombardi, nos fuimos un fin de semana para verla.

 

El Perú atravesaba el peor momento de la subversión y el terrorismo y el film mostraba la angustia y el miedo de efectivos militares y pobladores de la región de la sierra del país,  quienes enfrentan a un peligro siempre inminente y a un enemigo que nunca es mostrado en pantalla, lo cual crea una mayor tensión en el espectador. Recuerdo que al terminar la proyección, el clima de la sala era de un tenso silencio, todos salían con la cabeza gacha y sin hablar, pensando seguramente en que lo que acababan de ver era algo que estaba pasando en esos momentos allá lejos, así eran esos tiempos.

 

Felizmente, otras películas compensaban esos ánimos. Pocas veces recuerdo haberme reído tanto como en la comedia A Fish Called Wanda,  donde los enredos para robar 20 millones de dólares en diamantes llevan a Jamie Lee Curtis, Kevin Cline y John Cleese a los más hilarantes extremos. Hasta ahora Mily recuerda a este film como uno de los más cómicos jamás vistos.

 

Tom Cruise ya empezaba a despuntar como uno de los actores más exitosos de su generacion, y, pese a todos los pronósticos en contra, su actuación en Rain Man, junto al ya consagrado Dustin Hoffman, lo llevó definitivamente el estrellato, encarnando al hermano menor de un autista con quien vivirá una larga aventura de mutuo conocimiento durante un viaje en automóvil por varios estados norteamericanos.

 

La ciudad de New York se hizo presente en Do the right thing, de Spike Lee, quien muestra de manera descarnada la violencia interracial en un barrio de Brooklyn, el cual acoge a diferentes tipos de inmigrantes. También vimos New York Stories, donde tres grandes directores, Coppola, Woody Allen y Scorsese ofrecen a través de sus respectivos segmentos una visión muy propia de la ciudad de sus sueños. Inolvidables las escenas de Nick Nolte pintando cuadros gigantes con el fondo de “A Whiter Shade of Pale”, de Procol Harum.

 

Con My Beautifull Laundrette Stephen Frears empezó el despegue de una carrera cinematográfica muy importante. Acá también se muestran problemas étnicos, esta vez en Londres, pero dentro de un marco de humor que hace de esta película un divertido espectáculo con un trasfondo serio y comprometido. Otra opera prima que destacó fue Sex, Lies and Videotape de Steven Soderbergh. Una cámara realmente intimista nos muestra detalles de la vida oculta de ciertas mujeres, quienes abren su alma a un paciente videograbador ávido de conversación y a la vez de seducción.

 

Mucha seducción también se mostró en dos películas distintas, pero basadas en el mismo libro: Liasons Dangereuses y Valmont. Grandes intrigas en la Francia del siglo XVIII entre nobles y cortesanos que no saben que hacer para saciar sus apetitos y pasar sus días. Ambas películas comparten una visión poco edificante de la nobleza francesa de entonces, la diferencia está en el acento que se otorga a los personajes, pues la primera lo pone en la Marquesa de Merteuil, encarnada magníficamente por Glen Close, y la segunda en el Vizconde de Valmont (Colin Firth), el gran seductor y, a la postre, perdedor al final de la historia.

 

Para terminar el año, hace su aparición el superhéroe de ciudad gótica, Batman, en la versión de Tim Burton, teniendo a Michael Keaton y Jack Nicholson en los papeles estelares. El mundo que recrea Burton es muy diferente al de la melosa serie de los años 60; en el film, la sordidez y la oscuridad de la ciudad se dan la mano para mostrar a un héroe inconforme, que lucha contra el mal muy a su pesar. Un héroe distinto encarnó Timothy Dalton en License to Kill, una nueva aventura del inefable 007, una más. Solo nos queda la eterna discusión con Mily: ¿Cuál es el mejor Bond?, No hay duda, nos seguimos quedando con  Connery, Sean Connery.

 

 

1990 (58 películas)

 

Un hombre vuelve a su pueblo después de 30 años y descubre que su mejor amigo de entonces, el hombre que proyectaba las películas en el cinema de la localidad, había maniobrado para impedir que continuara su romance con una joven del pueblo, lo que le permitió marchar a la capital y cumplir así con su sueño de convertirse en director de cine. Cinema Paradiso, de Giuseppe Tornatore, nos trajo esa historia de amor al cine que ningún amante del séptimo arte debe dejar de ver alguna vez.

 

El cine italiano iba encontrando otros directores y actores, así, Ladri di Saponette, de Maurizio Nichetti, es también la historia de un director de cine que se ve envuelto en muchos problemas para presentar su película en un estudio. En clave de comedia, se nos muestra una especie de parodia de Ladrón de Bicicletas, en la que el propio director del film debe meterse dentro del mismo para salvarlo de muchos enredos. En un registro totalmente distinto, Anna Magnani en  Mamma Roma, nos mostraba todo su esplendor de actriz, en un drama en el que trata de salvar a su hijo de las malas compañías, luego de que ella misma hubiera dejado de trabajar en las calles de la ciudad eterna.

 

El cine francés, por supuesto, no podía faltar. Ese año se presentó a Gérad Depardieu como el gran Cyrano de Bergerac. Si bien la rolliza figura del notable actor galo no encaja con la idea del romántico Cyrano, pese a la prótesis adaptada a su nariz, esta circunstancia no se deja percibir ante la magnífica actuación y la riqueza de los matices que la actuación de Dépardieu nos ofrece a lo largo del film, configurando un personaje  totalmente creíble e inovidable.

 

La versión francesa de Nikita, la original, tuvo un singular éxito, que no pudo ser replicado por el remake norteamericano años después. Una joven delincuente muy avezada es redimida gracias a que accede a participar en un programa de apoyo al Gobierno para misiones “especiales”. La angustia, el misterio y el horror se dan la mano en muchas de las escenas del film. Recuerdo una notable, en la cual Nikita debe disparar desde la ventana de un baño de hotel a su víctima, una mujer, mientras su novio le toca la puerta y le pide de forma desesperada que abra.

 

Una de esas comedias francesas que narran los temas con arte y sensibilidad fue Le Mari de la Coiffeuse (El Marido de la Peluquera). Antonio es un niño que sueña con casarse con una peluquera, hasta que a los 25 años conoce a una y se casa con ella. Patrice Leconte, el director, logra obtener lo mejor de Jean Rochefort y Anna Galiena, actores que encarnan a una extraña pareja cuyas aventuras no pueden dejar insensible a ningún espectador. Luego de verla, Mily y yo nos fuimos a tomar un café hasta tarde, todavía emocionados, comentando las incidencias de la película.

 

Ese año Almodóvar ya era un clásico y, por tanto, no fue sorpresa que llegara a Bruselas, su última producción Atame!, protagonizada por Antonio Banderas, uno de sus actores fetiche. Mily y yo la disfrutamos mucho, pues además de una trama sui generis, traía una música muy especial, era difícil sustraerse al mundo a veces dispararado, pero siempre inteligente, de Pedro Almodóvar.

 

En un festival de cine latinoamericano, cayó de sorpresa una producción peruana de Francisco J. Lombardi, Caídos del Cielo, una película con tres historias distintas, pero entrelazadas entre sí, que muestran un poco de la triste realidad de muchos peruanos dedicados a sobrevivir en medio de la miseria o las desgracias personales más abrumadoras.

 

No podía faltar el Woody Allen de siempre, esta vez con Crimes and Misdemeanors, Dos historias donde se mezclan el adulterio, la culpa, la duda y el remordimiento, pero siempre desde la óptica neurótica y risueña del genial director judío. Henry and June, de Philip Kaufman, nos presentó una especie de menage à trois entre Henry Miller, su mujer June y la escriora Anaïs Nin. Aquellos que, como uno, éramos fanáticos de Miller, salimos un poco decepcionados del film, pues no llega a alcanzar la intensidad que los libros de este autor suelen irradiar.

 

 

El megaevento cinematográfico del año fue Dick Tracy, de y con Warren Beatty. El famoso héroe de las tiras cómicas fue llevado a la pantalla grande con actores de carne y hueso, además, con un gran derroche de color, imaginación y efectos especiales. Quizás lo más interesante de la película fueron las apariciones breves, pero en algunos casos intensas, de actores como Al Pacino, James Caan, Dustin Hoffman, Dick van Dyke y, por cierto, Madonna, conformando la célebre galería de villanos que hicieron famoso al comic.

 

Sin salirnos de Hollywood, pudimos destacar también The War of the Roses, film divertido, pero también, a ratos, espeluznante por la cantidad de violencia que se puede generar al interior de una pareja. Mily y yo salimos del cine meditabundos, ambos pensábamos, según nos confesamos después, si algún día podríamos llegar a un estado de situación como la pareja Rose, todavía no lo logramos.

 

Finalmente, una pareja distinta fue la protagonista de The Sheltering Sky, filmada en pleno desierto del norte de África por Bernardo Bertolucci, basada en el libro de Paul Bowles, quien tiene una breva aparición en la película como narrador. Ni el intenso calor del desierto puede encender nuevamente la pasión de un hombre y una mujer que se han escapado de Norteamérica para intentar recomponer su relación. Típico film de Bertolucci, intenso, dramático, fino, sensible e inteligente. Es quizás por eso uno de nuestros directores favoritos.

 

Una nueva década se había desvanecido, la famosa “década perdida”, pero seguíamos en Europa y, pese a los malos augurios que ya se vislumbraban en los Balcanes y otras zonas calientes del globo, manteníamos el optimismo para lo que vendría, especialmente en lo que al cine se refería. Y así fue, la década de los años 90 nos trajo muchas novedades y filmes inolvidables, los cuales iremos reseñando en los próximos capítulos.


(*)Carlos Amézaga, escritor, abogado y diplomático peruano. Actualmente vive en Lima.  Ganó el concurso de las 2000 palabras de la Revista Caretas, Lima - Perú. 2002/3. Publicó Ventanas Opuestas y otras ficciones verdaderas, Lima Editorial San Marcos, 2007.


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