VERSIONES
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Director, editor e operador: Diego Martínez Lora
Texto: 1997 - 1998: Otra vez en Europa. Autor: Carlos Amézaga (Perú)
Data: 30 - 01 - 2009
Carlos Amézaga(*)
1997- 1998: Otra vez en Europa
En la profesión en la que uno anda metido no se sabe nunca donde va uno a terminar. Teníamos casi todo listo para ir a París, pero terminé en Viena. No me quejo, pues el tiempo demostró que fue en realidad lo mejor que podía habernos pasado a Mily y a mí. Era, en todo, caso el retorno a Europa y a todo aquello bueno que ya conocíamos, especialmente en lo que al cine re refiere.
Viena es una ciudad antigua y señorial, llena de palacios y calles suntuosas que nos muestran enseguida que se fue una capital de imperio que mantiene todavía,.con mucho esfuerzo, parte de ese esplendor de épocas pasadas. Tiene también muchos cines, pero había un problema, la mayor parte de películas, diría que un 90% de las mismas, eran presentadas en versión alemana, es decir dobladas, a la lengua de Goethe, lo cual nos hacía imposible a Mily y a mí asistir a las salas normales de estrenos, teníamos que hacerlo solamente a aquellas que ofrecían películas en idioma original, generalmente el inglés, o algunas otras de arte y ensayo, entre ellas, el Museo del Cine, que ofrecía en forma regular ciclos de los más grandes realizadores o artistas.
El director francés, Luc Besson, presentó The Fifth Element (El Quinto Elemento). Dentro de 250 años el quinto elemento será lo único que podrá salvar al mundo del mal que trata de destruirlo. Besson intenta demostrar que no sólo los norteamericanos pueden realizar filmes de ciencia ficción y de desastres, y lo logra en parte, gracias a un guión muy bien delineado y al juego de los actores, entre los que destaca Milla Jovovich y sus bellos ojos verdes.
Otro tipo de destrucción es la que nos mostró Crash, de David Cronenberg. Aquí son los autos y ciertos seres humanos, quienes, además, gozan con esa destrucción, la cual les genera cierta vitalidad que les permite seguir viviendo, pese a sus enormes cicatrices o su invalidez. Una película sombría, dura y exigente para el espectador, muy al estilo de Cronenberg.
A veces el encuentro de dos buenos actores genera una tensión particular que les da a las películas un carácter especial. Algo así sucede con Brad Pitt y Harrison Ford en The Devil’s Own (La Sombra de Diablo), de Alan J. Pakula. Un alto dirigente del IRA irlandés se aloja, bajo una identidad falsa, en casa de un policía de Nueva York, quien poco a poco irá descubriendo la verdadera identidad y las intenciones de su huésped. El épico final trata de dejarnos contentos a todos.
The English Patient (El Paciente Inglés), de Anthony Minghella, recoge una trágica historia de amor y desventuras con una singular maestría que le hizo ganar muchos premios, pero sobre todo la admiración de los espectadores. Unos paisajes hermosos, una atmósfera cálida y magníficas actuaciones hacen este film inolvidable, más allá de los avatares de la propia historia, capaces de emocionar por si mismos a cualquier carácter más o menos sensible.
No faltaron los directores ya clásicos: Woody Allen, con Everybody Says I Love You (Todos dicen te amo), un musical muy a su manera con enredos melodramáticos y grandes actuaciones; y, Pedro Almodóvar, con La Flor de mi Secreto, donde se luce Marisa Paredes como una exitosa escritora de novelas rosa que escribe bajo seudónimo, y que decide cambiar su vida, lo cual le traerá algunas complicaciones.
Finalmente, Bond, James Bond, en Tomorrow Never Dies, encarnado esta vez por Pierce Brosnan, tratando de evitar una terrible guerra ente China y el Reino Unido, generada por un magnate de la prensa mundial. Casi nada nuevo en esta serie, salvo quizás el cambiado rostro del protagonista.
1998 (33 películas)
Debido al problema del idioma, la mayor parte de películas que podíamos ver eran las norteamericanas en los pocos cines que presentaban las versiones originales.Algunas bastante buenas como L.A. Confidential, de Curtis Hanson. Un film noire donde tres policías, desde distintos puntos de vista y estilos, intentan desbaratar los crímenes que realiza la mafia en la ciudad de Los Angeles de los años 50. Buenas actuaciones de James Cromwell, Russel Crowe y una sorprendente e inquietante Kim Basinger.
En As Good as it Gets (Mejor … Imposible), de James L. Brooks, Jack Nicholson hacía de las suyas con una camarera de restaurante y un vecino homosexual dueño de un hermoso perrito. Es un compendio de emociones humanas en tono de comedia dramática que deja contentos a casi todos. Eso sí, Nicholson no deja de mostrar esos múltiples cambios de expresión y muecas faciales que le han hecho famoso y, a veces, un poco exagerado.
Decíamos que cuando se juntan dos buenos actores resultan buenas películas. En Wag the Dog (La Cortina de Humo), de Barry Levinson, Robert de Niro y Dustin Hoffman trabajan en pareja. Intentan salvar al presidente de los Estados Unidos de un escándalo, que puede perjudicarlo para su reelección. Crean a través de los medios de prensa una guerra imaginaria de la que el jefe de estado saldría convertido en héroe. La pregunta que queda es ¿Podemos creer todo lo que dice la prensa? La respuesta es, por supuesto, negativa, especialmente cuando está en juego el prestigio del sistema.
A mí nunca me ha gustado mucho el tipo de actuación de Jim Carrey, siempre me pareció un poco sobreactuado. Sin embargo, en The Truman Show, de Peter Weir, creo que redondea una muy buena faena, encarnando al pobre sujeto que ha sido filmado durante toda su vida sin saberlo. La película nos hace pensar un poco en lo que hay detrás de las cámaras y, sobre todo, en lo que se puede hacer para ganar audiencia, lo cual es cosa de todos los días en los reality shows que la televisión nos endilga por cantidades. Quizás también podemos pensar que esta vida es un gran show y que estamos siendo motivados y dirigidos, sin darnos cuenta, por algún ser superior. En ese caso, como Truman, tendremos toda la razón para rebelarnos y querer saber que hay detrás de ese gigantesco estudio universal donde nos desenvolvemos.
Un director que ya teníamos muy bien visto era Quentin Tarantino. Con Jackie Brown nos mostró que podía ser bueno también en géneros distintos al que nos tenía habituados. Una bella azafata se convierte, gracias a su inteligencia, en el centro de una conspiración para hacerse con un cuantioso botín perteneciente a la mafia. Magníficas actuaciones, humor y una trama que no decae hasta el final. Un sorprendente Robert de Niro, como para no perdérselo.
Otro recurso muy hollywoodense ha sido retomar exitosas series de televisión del pasado y llevarlas al celuloide convenientemente lustradas y retocadas, con nuevos actores. Un caso así se presentó con The Avengers (Los vengadores). En esta ocasión el experimento resultó un poco fallido. Las nuevas caras, pese a la belleza de Uma Thurman y la personalidad de Ralph Fiennes, nunca lograron esa química excepcional que existía entre los personajes originales de la serie, con el sombrero hongo y las botas de cuero. La trama tampoco fue convincente, una pena.
Dos películas españolas nos permitieron cambiar un poco el panorama. Airbag, de Juanma Bajo Ulloa, resultó una comedia bastante divertida. Un anillo de compromiso, perdido en circunstancias rocambolescas a un grupo de amigos en una despedida de soltero, se convierte en el centro de una disputa entre bandas rivales de mafiosos. El resultado: situaciones muy disparatadas y bastante humor.
La otra, La Camarera del Titanic, de Bigas Luna, nos retrotrae al momento en que debía zarpar el famoso trasatlántico. Un hombre del puerto cuenta lo que hizo en una noche, dentro del barco, con una de las camareras. La historia es contada en un bar a sus amigos, por tanto, no se llega a saber cuanto de realidad o de ficción hay en el relato. No obstante, resulta una curiosa historia de amor vinculada con el famoso navío. La suerte de la camarera durante el viaje tampoco llega conocerse…
Finalmente, Hitchkock. Gracias al Museo del Cine pudimos ver Shadow of a Doubt (La Sombra de una Duda). Una joven pueblerina idolatra a su tío favorito que vive en la gran ciudad. Un día, llega a visitarla a ella y su familia, se instala en casa y se reinicia una relación entre ambos, en la que el director sabe muy bien como dosificar la atracción que –indudablemente- existe entre tío y sobrina. Sin embargo, aparecen también unos policías que investigan al tío pues lo consideran sospechoso de ser el asesino en serie de varias viudas ricas a las que enamora y luego despluma. Como ocurre siempre en las películas de Hitchcock, la tensión entre los personajes a veces puede cortarse con un cuchillo, especialmente cuando la sobrina empieza a sospechar que su tío puede ser un criminal. Las angustias llevadas al máximo explotarán en la violencia de la escena final en la cual quedarán disipadas todas las dudas. Una gran película de suspenso.
Así acabó el año 1998, pero lo más interesante fue que ya no estaba más en Viena, sino que, a partir de junio de ese año, fui trasladado a trabajar en Belgrado, la capital de la entonces República Federal de Yugoslavia, hoy Serbia. Las condiciones no eran las mejores para ver cine, no solo por la falta de salas y los problemas aun mayores respecto al idioma, sino que también fue una época políticamente muy difícil que acabó en una guerra que tuvimos que sufrir los que estábamos viviendo por allá.
Pero eso se los contaré en el próximo capítulo.
(*)Carlos Amézaga, escritor, abogado y diplomático peruano. Actualmente vive en Lima. Ganó el concurso de las 2000 palabras de la Revista Caretas, Lima - Perú. 2002/3.
Publicó
Ventanas Opuestas y otras
ficciones verdaderas, Lima Editorial San Marcos, 2007.