VERSIONES VERSIONES, la aventura de compartir (textos, imágenes y sonidos) por lo menos virtualmente - siempre compartir para tener más que dar y recibir

 

Versiones

Director, editor e operador: Diego Martínez Lora

Autor do Texto: Diego Martínez Lora  - Título: Don Augusto
Data: 28 - 05 - 2008



  Diego Martínez Lora(*)

Don Augusto


 

Don Augusto cumplía ochenta y seis años, pero todavía no se sentía realizado. Sabía que le faltaba mucho por hacer y descubrir. Estaba tan inquieto, asombrado y curioso como a sus dieciocho años. Con frecuencia volvía a insistir en el sueño de poder algún día dedicarse exclusivamente a escribir. 

A escribir qué?,  le había preguntado por mucho tiempo Doña Gabriela, su mujer, hiriéndolo sin querer en lo más profundo de su alma.

Don Augusto ya no quería preocupaciones. No tener que estar pensando en cómo obtener dinero cada mes para pagar sus recibos de luz, agua, teléfono, gas y alquiler del departamento. Quería sentirse capaz de poder cumplir sin problemas con el bodeguero, el farmacéutico, los médicos, el carnicero, el verdulero, la vendedora de pescado fresco, los impuestos y el hombre del quiosco de periódicos.

Había sido profesor de Matemáticas durante más de cincuenta años, profesión que nunca quiso ejercer, pero por necesidad tuvo que desarrollar para poder sobrevivir. Don Augusto trabajó en un colegio público que quedaba muy lejos de su domicilio. Regresaba a casa para cenar y cumplir puntualmente con sus obligaciones maritales. Doña Gabriela lo esperaba con su dulzura y osadía habituales, a pesar de que también trabajaba y tal vez más que él,  por sus labores domésticas adicionales. Don Augusto ni soñar podía con su ideal de ser escritor y guardaba en su caja fuerte aquel caro cuaderno con el lapicero de plata que él mismo se había comprado como regalo de bodas.

Don Augusto, ya jubilado hace más de 25 años, recibía una pobre pensión que lo obligaba a continuar dando clases particulares para lograr vivir con dignidad.

Un día, en un arranque de espontaneidad, le dio un beso a doña Gabriela que ya ni tenía memoria para reconocer al hombre que la había besado, y con pasos decididos abrió su pequeña caja fuerte. Sacó el cuaderno y el lapicero que lo habían esperado tanto tiempo y se fue a sentar a la mesita que también había comprado con ese propósito tan ansiado de escribir. Se colocó los lentes. Abrió el cuaderno en la primera página y con el lapicero en la mano pensó con pena en el estado de su mujer incapaz de leer cualquier texto, y escribió así:

 

Por fin puedo escribirte, cuaderno. Mi mujer ya no sabe ni quién soy yo. Y yo que todavía sé quién soy, recién comienzo a ser lo que siempre quise. Y a partir de ahora naceré realmente a pesar de mis 86 años.

Nací en un barrio donde el teatro y la realidad eran una sola cosa, por eso creo que actué durante toda mi vida… A mi padre nunca lo vi. Mi madre me dejaba salir a la calle casi todo el día y yo me hartaba de jugar y de vagar por todos los rincones del vecindario. Mi casa se fue poblando con más hermanos todos tan diferentes físicamente unos de los otros, pero todos muy unidos a la hora de comer en nuestra única y larga mesa… Mi madre siempre estaba encinta, ese es el recuerdo que tengo de ella. Una vez me dijo, anda al café de la señora Juana, que tu padre está allí, mírale bien la cara para que nunca te olvides de él. Yo entré en ese sitio y había tantos hombres con caras tan feas que decidí salir corriendo…

 

Don Augusto se fue quedando dormido pensando en todo lo que tenía que escribir.


(*)Diego Martínez Lora, vive actualmente en Portugal.


VERSIONES - Página Principal   Nuevo site

VERSIONES - Página Principal   Site antiguo


Editorial 100  -  Catálogo -  Versiones  100 palavras - 100 palabras