VERSIONES (renovada)
Versiones
Director, editor e operador: Diego Martínez Lora
Texto: Pañuelos para una emoción. Autora: Mara (España)
Data: 15 - 07 - 2006
Mara(*)
Pañuelos para una emoción
Aquella tarde, como todas, como siempre, me encontré frente a su mirada. En la cola del semáforo sus ojos inexpresivos se acercaron y me pidieron ayuda en un habitual encuentro sin palabras, sin excesos ni reproches. Con la discreción de cada tarde aquellos ojos me miraron casi sin mirar, me rogaron casi sin rogar, me insinuaron y yo, como siempre, no comprendía, no supe leer más allá de sus ropas usadas, su andar cansado de injusticia y su increíble respeto a la indiferencia de tantos privilegiados malhumorados en la odiosa hilera diaria. Empezaba el estío y ahora apretaba el calor tras meses de frío, lluvia, viento y malas caras.
Aquella tórrida tarde una mano joven se asomó desde un viejo utilitario adornado con una “L” de novato y una pegatina de una conocida marca de helados. Probablemente ostentaba el título de “Cenicienta” entre los que aguardábamos el verde esperanza que nos abriese el camino a nuestra monótona rutina distinguida. Esa mano que llamó su atención obró el milagro; después de tanto tiempo, aquella tarde lo descubrí, me sorprendió como una explosión, entonces sus ojos brillaron y surgió una enorme sonrisa que observé atónita como una espectadora a la que descoloca un inesperado final.
La joven mano había tendido un simple cucurucho helado y él lo agradeció con ese ademán que me golpeó el corazón despertándome del letargo del atasco. Sin cambiar ese gesto que mudaba el mío, parecía pronunciar unas palabras que se me antojaban lejanas pero inmensamente llenas de gratitud y dicha. Entonces olvidó el funcionamiento del semáforo y acudió a la sombra a saborear tan sencilla fortuna.
Aquella expresión que no había visto en años hizo que brotaran lágrimas de mis ojos. Hasta entonces no había sabido vislumbrar lo fácil que es dar un poquito de felicidad. No osé interrumpir ese momento para solicitar esos pañuelos que ahora sí precisaba, pero dispongo de innumerables tardes por delante para tratar de robarle de nuevo esa bella sonrisa que tanto se hizo esperar.
(*)Mara (María del carmen Sánchez Barral), española. Actualmente vive en Galicia.