Texto breve de VERSIONES

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Versiones

Director, editor e operador: Diego Martínez Lora

Texto: Vicisitudes - Autor: Mario Raffo (Perúl)

Data: 28 - 04 - 2009


Mario Raffo(*)

Vicisitudes


 

 

Partí de Lima rumbo a São Paulo extasiado porque al fin había alcanzado la oportunidad de darle un nuevo horizonte a mi vida, por lo que la despedida no fue triste ni estuvo rodeada de lloriqueos, mocos y babas como tantas otras que presencié.

Ya en São Paulo, durante la primera semana estuve haciendo muchos trámites burocráticos: que ir a la policía federal, que ir a tal otro lugar además de perderme en esta urbe. Llamaba a casa cada dos o tres días para saber de los míos y no niego que tenía sentimientos encontrados, alegría por mi nueva vida y tristeza por no estar con mi familia, mis amigos, mis mascotas y desde luego por no tener a mi lado a mi “amor chiquito”.

Durante la segunda semana estaba viendo la posibilidad de comprarme un celular, pero como no tenía mucho dinero y la beca aún no se activaba decidí esperar, esto jugó en mi contra pues el viernes de dicha semana a las ocho de la mañana mi tía me informó por messenger que mi papá había fallecido el día anterior. Fue un baldazo de agua fría, quedé en shock. Ya de noche, triste, solo y resignado por no poder regresar, me acosté y lloré pensando en él hasta que me venció el sueño.

Desperté, estaba en mi cuarto, pero había algo muy curioso… era mi casa de Lima. La sorpresa me invadió, pues todo estaba como lo dejé y pensé que gracias al poder de Dios había regresado. Salí del cuarto y todo igual. Decidí ir afuera de la casa, salí a la calle y vi a mi querido viejo en su camioneta, muy risueño me pasó la voz y preguntó si quería un aventón. Subí y partimos, pero poco después él ya no me hablaba, había algo extraño. Se detuvo para abastecer de combustible y proseguimos. Ahora al volante estaba yo y varias cuadras después percibí que él no estaba conmigo. Me asusté y pensé que había regresado a casa, viré y aceleré. Algunas cuadras antes de casa lo divisé, me detuve, crucé a pie y lo alcancé. Le dije papá y él respondió que ya se iba. Me pareció extraño y le pregunté adónde y le quise dar dinero por si necesitaba pero con su sonrisa burlona me dijo que al lugar que iba no necesitaba dinero. Quedé en silencio por un instante hasta que vi la luz y comprendí que él estaba muerto. No pude ocultar mi cara de asombro y su rostro reflejaba que también había percibido mi entendimiento. Nos abrazamos, me miró y me dijo que me cuide, que sea bueno, que sea trabajador, me soltó, volteó y caminó en dirección a casa, perdiéndose en el horizonte.

Abrí los ojos y estaba en mi cuarto de São Paulo por lo que no demoré mucho en entender que estuve soñando, a pesar de eso un enorme sentimiento de alegría se apoderó de mí, pues me había despedido de él aunque lamentablemente sólo fue un sueño, un sueño muy real, pero sueño al fin. Ni modo, la vida continúa y las vicisitudes siempre estarán implícitas en nuestro recorrer.


(*) Mario Raffo, peruano, ingeniero electrónico, estudiante de maestría en la Universidad de São Paulo.


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